El carnaval recrea, pero también arranca de la memoria la historia de la invasión chilena
La ironía es que los 10 centavos de incremento por quintal de salitre exportado, Chile convierte en cinco años (1879-1884) de criminal guerra (Bolivia-Perú/Chile), que finaliza con un panorama socio-económico desolador para Bolivia…

Por: jMeCi*
- ¡Bolivia! Perdiste tus costas. Perdiste tus puertos sobre el Océano Pacífico. ¡Bolivia! Patria por cien años enclaustrada. ¿Quién te dejó asfixiada? … ¿Fueron ellos? … ¿Fuimos nosotros? Son las palabras del Pelícano, el personaje que narra la historia de la Guerra del Pacífico en la obra, “Guano Maldito”, editado en 1976, escrito por Joaquín Aguirre Lavayen. Hoy a 147 años, este cuento amargo aún no termina, Bolivia vuelve a ser arrinconada alejándose aún más del mar. Chile invade Antofagasta un 14 de febrero de 1879 mientras Bolivia bailaba al son del carnaval, el 14 de febrero de 2026, otra vez, por bailar, también al son del carnaval, Bolivia olvida este asalto chileno que termina desmembrando su territorio.
El olvido boliviano de la fecha de la invasión chilena en 1879, por las fiestas del carnaval, hace honor a la célebre frase del filósofo español George Santayana, que advierte: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla“, pero eso y mucho más, la frase cuestiona la calidad educativa que se imparte en el país que educa a las nuevas generaciones que desarrolla únicamente la memoria y no asumir una postura crítica y reflexiva.
El valor de la historia boliviana, en las aulas escolares, terminan convirtiéndose en meras fechas y nombres, que deben ser memorizados y vaciados en un papel denominado examen, el producto, son políticos que gobernaron y gobiernan el destino de Bolivia.

Ya Aguirre, en su libro Guano Maldito, delibera que Chile, previo al conflicto, aparecía como centro intelectual de la América del Sur y gozaba de una bonanza económica, mientras Bolivia vivía una historia de corrupción, inestabilidad política interna, caudillaje local, asesinatos, duelos, desconfianzas, dictaduras militares y revoluciones lo que finalmente ha llevado a situar como “un país turbulento”.
El relato de la trágica comedia de guanos, como señala el autor, sitúa en el banquillo de acusados a la política educativa (escolar y universitaria) de los gobiernos (de turno) que únicamente buscaron y buscan aplicar una ideología política educativa que responda a sus intereses, y así eliminar la capacidad analítica de las nuevas generaciones para perpetuar su gobierno sin controversias.
Así, olvidamos el Manifiesto de Agravios de Vélez de Córdova y, sólo hablamos del 10 de febrero; sólo “festejamos” el 23 de marzo como Día del Mar, pero ignoramos el 14 de febrero; olvidamos a los héroes nacionales, y nos identificamos emocionalmente con ídolos extraños; nos regodeamos con los 200 años de ¿independencia? pero, olvidamos hacer un análisis de toda una historia que precede; hasta asumimos una postura apasionada en temas culturales que obnubila nuestra visión de progreso social y bienestar económico.

La ironía de los 10 centavos
- Si revisamos la historia del desmembramiento de Bolivia, en el libro “Del Loa al Paposo” Historia secreta de Bolivia y la Guerra del Pacífico en su 4ª. Edición, escrito por el joven historiador orureño Henry Pablo Ríos Alborta, concluiremos que la gota que insufló la actitud bélica de Chile fue el impuesto de diez centavos en quintal de salitre exportado, aprobado el 23 de febrero de 1878 a la Compañía Anónima de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta a través de un Decreto promulgado por la Asamblea Constituyente de la República de Bolivia, durante el gobierno de Hilarión Daza (1876-1879) y el ministro de Hacienda e Industria, Manuel Ignacio Salvatierra.
El libro en cuestión, señala que, tras la aprobación del Decreto, Chile debate que la medida del impuesto viola el Tratado de Límites de 6 de agosto de 1874 que liga a Bolivia y Chile, éste interpreta como una Ley que tuerce el Pacto de Alianza Defensiva suscrito en 1873 entre las Repúblicas de Perú y Bolivia.
Chile arguye, además, que no sólo viola el Tratado de Límites sino también el Tratado Complementario de 21 de julio de 1875 que establece en su Art. 2do. p/153: “Todas las cuestiones a que diere lugar la inteligencia y ejecución del Tratado de 6 de agosto de 1874 deberán someterse a arbitraje”.
Bolivia justifica la aprobación de la mencionada ley que sube el impuesto al quintal de salitre exportado porque se circunscribe, en su potestad histórica, doctrinaria, Política de la Constitución Boliviana de 1871, en su Art. 45, atribución 14, que rige a la Asamblea Nacional Constituyente “aprobar o desechar los tratados y convenciones de toda especie celebrados con gobiernos extranjeros”.
Señala que el agente diplomático y encargado de Negocios de Chile en La Paz Pedro Nolasco Videla, escribe una nota al ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Francisco Valdés Vergara en la que advierte y amenaza que, “si se insiste en establecer esos impuestos, Chile se verá en la dura decisión de anular el Tratado de 1874 y las consecuencias absolutamente justificadas”.
Cuatro días después el diplomático declara la ruptura del Tratado de 1874, por la respuesta del ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia: “(…) considerados los prejuicios que recibiría el país (Bolivia) si se prolongase todavía la suspensión transitoria del impuesto sobre los salitres que exporta la Compañía de Antofagasta, (…) el ministro de Hacienda ha ordenado a las autoridades del Litoral que hagan efectivo dicho impuesto (…)”.
Es claro que, de acuerdo a la historia, Chile no respeta la soberanía boliviana ni el Tratado Complementario de 1875, que es un protocolo que establece un arbitraje para resolver disputas, como en este caso la tensión generada entre ambos países por la promulgación en 1878 de la ley del impuesto al salitre.
La ironía es que los 10 centavos de incremento por quintal de salitre exportado, Chile convierte en cinco años (1879-1884) de criminal guerra (Bolivia-Perú/Chile), que finaliza con un panorama socio-económico desolador para Bolivia, situación que se agrava aún más con el olvido y abandono de aquel 14 de febrero, valor histórico sin importancia para las autoridades nacionales y departamentales.

Datos históricos del enclaustramiento boliviano
- Chile usurpa las covaderas (espacio de tierra de donde se extrae guano) de Morro Mejillones en 1863
- El enclaustramiento de Bolivia, está ligado a la pérdida de sus riquezas de guano, de salitre, de minerales de plata y de minerales de cobre
- Bolivia pierde su soberanía sobre 400 kilómetros de costa y 120,000 kilómetros cuadrados de territorio rico en minerales
- El Tratado de Límites entre Bolivia y Chile se firma el 6 de agosto de 1874 que fija la frontera en el paralelo 24°S y elimina la zona de medianería 23°S-24°S
- El Tratado de Límites se firma en Sucre bajo los gobiernos Tomás Frías Ametller de Bolivia y Federico Errázuriz Zañartu de Chile
- Fue un acuerdo que eximió de nuevos impuestos a las empresas chilenas en la zona por 25 años
- El negocio del excremento de aves marina fue convertido en oro por la familia chilena Gibbs de donde surge el interés y las pugnas por apoderarse de las zonas guaneras y salitreras
- La historia sindica a Chile como principal responsable del atraso y enclaustramiento de Bolivia
- Guano es el excremento de aves marinas y murciélagos rico en nitrógeno, fósforo y potasio, se utiliza principalmente como fertilizante natural
- Salitre es de origen mineral, una mezcla natural de nitrato de sodio, se encuentra en depósitos minerales y se utiliza para fertilizantes y la fabricación de explosivos
- Joaquín Aguirre Lavayén novelista, ensayista y empresario cochabambino (1921-2011) autor de la novela “Guano Maldito”
- Henry Pablo Ríos Alborte historiador orureño autor “Del Loa al Paposo” “Historia secreta de Bolivia y de la Guerra del Pacífico” o “Nuestra cuestión con Chile”
*Periodista/FondoNegro/imágenes RRSS


